América

Excursión desde Orlando: la NASA en el Kennedy Space Center

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Durante el viaje por el sureste de los Estados Unidos estuvimos en Orlando, en el estado de Florida. Esta zona es famosa por los parques temáticos de la Disney y Universal, además de algunos otros. El objetivo de casi todos los turistas que van a Orlando es visitar uno de estos parques. Sin embargo, si vas a Orlando hay una visita imprescindible que debes hacer y que no es un parque de atracciones, ¡aunque se le parece! En la costa atlántica de Florida, muy cerca de Orlando se extiende el mítico cabo Cañaveral, desde donde la NASA lanza los cohetes y los transbordadores al espacio desde 1958. Junto a las instalaciones de la NASA hay el Kennedy Space Center, que es el centro de visitantes. Y es espectacular. A continuación te cuento por qué.

Como muchos otros niños, yo soñaba con ser astronauta. Luego se me pasó, claro, pero el espacio es una fuente de imaginación y emoción, es el gran desconocido, un misterio por explorar, la gravedad cero donde puedes flotar, la ciencia ficción… Por eso siempre te queda esa admiración por las personas que se embarcan en un viaje fuera de la atmósfera, ya sea las que llegaron a la luna como las que trabajan en la estación espacial internacional. Poniendo los pies más en la tierra, últimamente pensaba que el gasto millonario que supone la investigación espacial sería mejor dedicarlo a otras cosas, como cuidar nuestro planeta, en vez de buscar otros adonde ir. Sin embargo, después de la visita a la NASA y al Kennedy Space Center me convencí de lo contrario, y es que lo tienen muy bien montado. Pero mejor vamos por partes.

El Kennedy Space Center está situado en el famoso cabo Cañaveral y desde la zona de Kissimini se tarda una hora en coche. Como casi todo el camino es por autopista, no se hace nada pesado llegar allí. En la autopista nos encontramos con los siguientes peajes: 1,50$ + 1,50$ + 1,00 + 1,25$ = 5,25$ por trayecto. Pagamos activando el SunPass del coche de alquiler. El Kennedy Space Center tiene aparcamiento pero hay que pagar 10$.

Se pueden comprar las entradas en la web del Kennedy Space Center, pero nosotros las compramos allí. Hay varias taquillas y unas máquinas donde se puede comprar la entrada básica y los paquetes opcionales. Una vez comprada la entrada fuimos al centro de información para que nos ayudaran a organizar la visita.

Para empezar, la llegada puede ser un poco confusa si no has planificado la visita con antelación. Llegas y te dan un folleto con todas las actividades adicionales que puedes hacer, además de las que te entran por el precio de la entrada. Claro, la entrada básica no es precisamente barata: 50$. Y las actividades extra son 25$ más. Hay que pensar: ¿vale la pena hacer una actividad extra? ¿Tendré tiempo de verlo todo en un día? Puede ser abrumador.

El complejo de visitantes del Centro Espacial Kennedy abre a las 9 de la mañana y cierra a las 6 (o las 7 de la tarde según temporada) pero ya te digo que 9 horas se hacen cortas para verlo todo. De todas formas, es mejor llegar justo cuando abren. También es muy recomendable llegar preparado y sabiendo qué quieres ver. Podéis consultar el horario de cierre en este enlace.

Para saber qué hacer, una buena idea es consultar la página web del centro de visitantes. Allí verás un enlace donde pone «Trip planner». Respondes tres preguntas y te plantan un itinerario de 8 horas para sacar el máximo partido a la visita. También puedes configurar la visita con más detalle y más a tu gusto. Está bien porque te especifica qué se tarda en cada actividad y así te haces la idea de qué te dará tiempo a ver y qué no. Y si eres un fan de la investigación espacial y tienes muchas ganas de verlo todo, alargar la visita a un día más cuesta +25$.

Compramos las entradas en las máquinas que hay frente a las taquillas para tardar menos tiempo. Repasamos rápido las actividades extra y, sin pensarlo demasiado, añadimos el «KSC Explore Tour» por +25$. Luego entramos en la oficina de información, justo a la izquierda de la entrada, para que nos orientaran. En dos minutos nos hicieron un plan básico de las cosas que debíamos ver y hacer, y en qué orden, así que pasamos rápidamente por la puerta de entrada al centro. La primera actividad era ir a ver el salón «Heroes & Legends», justo a la izquierda al entrar. El edificio está frente al Rocket Garden, un espacio abierto donde pueden verse varias reproducciones de los primeros cohetes que se lanzaron al espacio. Pero antes que nada, desayunamos. Sin desayuno no se puede empezar bien el día. En el Rocket Garden Cafe, un café latte nos salió por 2,90$ y una magdalena de chocolate por 2,99$.

Heroes & Legends

Una vez preparados, nos centramos en el itinerario. Fuimos a la entrada del «Heroes & Legends» y, de repente, nos pararon en la puerta sin comprender por qué. Resulta que antes de entrar te pasan un vídeo y hasta que no se vacía la sala no puedes pasar. Esto es un proceso que se repitió varias veces en el Kennedy Space Center y que está pensado para gestionar mejor las colas en temporada alta. Por suerte, nosotros fuimos a mediados de marzo, entre semana, y no tuvimos problemas. En unos 15 minutos o menos ya estábamos dentro. Nos dieron unas gafas de cine 3D y primero vimos un vídeo de introducción, que trata sobre la definición de qué es un héroe o heroína.

Al terminar, entramos en la sala de cine propiamente dicha, donde hay una gran pantalla ante unos balcones donde ves el vídeo de pie. Este vídeo, también muy bien hecho, ensalza la carrera espacial y la valentía de los astronautas de la NASA de una forma muy emocionante. Cuando termina, ya estás en la sintonía mental adecuada para ver la exposición. En esta se repasan las virtudes de todo buen astronauta, como curiosidad, tenacidad, etc., acompañadas con testimonios de astronautas y objetos de aquello que les influenció en su carrera (¡como la serie Buck Rogers!). Después pasa por una reproducción de la sala de control de lanzamientos de la misión Mercury de 1962 (si habéis visto la película Figuras ocultas, es muy parecida). Objetos diversos de varias misiones, vídeos… Al final, llegas a un salón donde hay los retratos de todos los astronautas de la NASA y antes de salir tienes que pasar, cómo no, por una tienda de recuerdos.

Space Shuttle Atlantis

El siguiente punto de la visita fue el salón «Space Shuttle Atlantis», absolutamente recomendable porque aquí puedes ver uno de los transbordadores que ha hecho el viaje de ida y vuelta a la estación espacial internacional nada menos que 33 veces. Justo en la entrada puedes pasar por debajo de una reproducción de los inmensos cohetes de despegue y transporte a la órbita. Y como en el anterior salón, antes de entrar en la exposición en sí, te hacen pasar a una sala donde pasan un vídeo introductorio muy espectacular, que te prepara para lo que estás a punto de ver. Está muy bien hecho, porque la pantalla cubre la pared del fondo de la sala y continúa por el techo y las paredes laterales.

Una vez en la exposición la mole del transbordador Atlantis domina el espacio y acapara todas las miradas. Está suspendido del techo, de forma que puedes verlo por todos lados y tiene la zona de carga abierta y el brazo mecánico extendido. Junto a él hay una serie de plafones con pantallas interactivas donde puedes aprender todas sus partes y un montón de detalles. Por ejemplo ¿sabías que al no tener lavadora, los astronautas del Atlantis se cambiaban los calzoncillos y camisetas cada dos días? ¿O que la mayor parte de lo que sale por el tubo de escape es vapor de agua?

Subiendo unas escaleras detrás puedes ver una mochila con propulsores para los viajes fuera de la nave que al final se usó poco porque es más seguro ir atado a la nave con el cordón umbilical y no alejarse mucho. Al lado hay una serie de consolas donde puedes practicar algunos aspectos del funcionamiento del transbordador y de los trabajos que hacen los astronautas. Por ejemplo, una especie de simulador donde representa que estás fuera del transbordador con tu traje de astronauta y tienes que llegar hasta un punto donde hacer unas reparaciones. Para eso hay que ir moviendo los brazos y en principio unos sensores detectan el movimiento y lo reproducen en la pantalla, pero me pareció que estos no funcionaban muy bien.

Más allá hay una reproducción de la cabina y puedes sentarte en el sillín del piloto, sostener la palanca de control y encender los cientos de interruptores de esos de palanquitas que se ven en las películas. Incluso puedes ver expuesto el motor del transbordador, rodeado de interesantes explicaciones. Por ejemplo, aquí aprendí que los tubos de escape del motor están fuertemente refrigerados para que el chorro no los derrita por el intenso calor.

En el piso inferior puedes aprender cómo son algunos detalles de la vida de los astronautas que uno siempre se pregunta: la comida, los retretes y las camas. Y hay toda una zona con una especie de maquinitas de videojuegos que en realidad son simuladores de diversas actividades de los astronautas. Por ejemplo, probamos una que consistía en usar el mando para aterrizar el transbordador en su pista de aterrizaje. La primera vez lo conseguimos, pero tal vez fue la suerte del principiante, porque el segundo intento terminó en desastre.

Cabe destacar que la exposición está pensada para que la disfruten tanto adultos como niños. Si te interesa aprender detalles interesantes de los viajes en transbordador espacial, aquí hay mucho material, pero si vas con niños, se lo pasarán bien metiéndose por unos tubos que representan la estación espacial internacional o bajando por el tobogán que simula cómo los astronautas descienden del transbordador después de aterrizar. Finalmente, la visita incluye una atracción a modo de parque de atracciones: la «Shuttle Launch Experience» que simula un despegue vertical del transbordador. Es muy divertido.

Finalmente, bajamos por una rampa donde están inscritas las tripulaciones de todos los astronautas y recuerdo haberme parado delante de la foto de los tripulantes del Challenger. Y no fue hasta días más tarde que me fijé que la exposición de el transbordador también incluye un teatro sobre el telescopio espacial Hubble (!). Aun así, en la exposición también había un rincón sobre este telescopio y sobre su sucesor, que será tan potente que según dicen podrá fotografiar zonas cercanas al inicio del universo y así entender mejor cómo empezó todo. Pero en fin, el tiempo pasa volando y no te das cuenta y ya es la hora de comer. En la típica tienda en la salida de la exposición vendían comida «de astronauta» deshidratada, pero preferimos algo más «terrenal».

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