Europa

Ruta talayótica por Menorca

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¿Qué es eso de la ruta talayótica? Pues es una ruta para visitar los interesantes yacimientos arqueológicos de Menorca. Aunque esta isla suele asociarse a playas, calas, mar, queso y vino, Menorca tiene tesoros de milenios de antigüedad ocultos en muchísimos puntos del interior, y visitarlos es una experiencia que nos hará conocer mejor la historia del lugar. ¿Os apuntáis a recorrer la ruta talayótica con nosotros?

Una de las construcciones más visibles de los antiguos habitantes de la isla de Menorca son los llamados talaiots. Así se conocen a las construcciones circulares de pocos metros de altura con una pendiente para subir al punto más alto. Servían como lugares elevados desde donde poder otear el horizonte y ver si se acercaban enemigos. Si vais en coche desde el puerto de Ciutadella hasta la cala Morell (ver a continuación), podréis ver varios a mano izquierda. Son construcciones bastante simples, por lo que hay que fijarse bien. Y, volviendo a la pregunta, estos talaiots dieron nombre al conjunto de construcciones de la Antigüedad que pueden verse en las islas Baleares.

¡Ojo! No los confundáis con las barraques. Las barraques también son construcciones circulares y parecen pequeñas pirámides redondas hechas con piedras. Sin embargo, las construyeron los payeses menorquines para guardar el ganado y algunos aperos de labranza en los siglos XIX y XX.

La necrópolis de cala Morell

«Necrópolis» es una forma de decir «gran cementerio». En este caso, en este rincón de la isla podremos ver 17 cuevas que los primeros habitantes de la isla excavaron en la roca hacia el año 2000 antes de Cristo, es decir, hace más de cuatro mil años. Estas cuevas pudieron excavarlas con relativa facilidad debido a que son de roca caliza. Como explicamos en el artículo del fin de semana en Menorca, en los años sesenta, en pleno apogeo del amor libre y las flores en el pelo, estas cuevas las ocuparon varios hippies que querían vivir en plena naturaleza (y sin pagar alquiler). Al parecer, no les importó en absoluto que estas cuevas se hubieran usado hace miles de años para albergar los cuerpos de los difuntos. Tampoco se pararon a pensar en absoluto en el valor histórico y arqueológico del lugar. Es más, en una de las cuevas llegaron a excavar unos huecos para poder encajar vigas y montarse unos toldos y una cocina. Por suerte, en los años 80 el gobierno de Menorca logró echarlos y se pudo restaurar el aspecto original de las cuevas.

Un detalle curioso es que la entrada de estas cuevas funerarias siempre está elevada sobre el nivel del suelo. Esto puede deberse a meras razones prácticas para aislar el interior del barro y el agua de la lluvia, o puede ser simbólico para señalar que el interior de las cuevas es lugar sagrado. Esta necrópolis estaba cerca de varios poblados que la usaban para enterrar a sus muertos. El proceso del entierro era el siguiente: primero dejaban el cuerpo en un lugar apartado del campo. Cuando había pasado un tiempo y ya solo quedaba el esqueleto, lo trasladaban a una de las cuevas y lo dejaban en el lugar de honor, en el centro, rodeado de cráneos de otros muertos enterrados anteriormente. Luego, la entrada de la cueva se volvía a sellar con una losa de piedra.

En esta necrópolis pueden verse varios detalles algo extraños a primera vista. Primero, una especie de abrevadero excavado en la roca, junto a la entrada de varias cuevas. Esto es efectivamente un abrevadero para el ganado, pero se excavó en la Edad Media. Al parecer, los hippies no fueron los únicos ocupantes ilegales de las cuevas, sino que ya en el Medievo e incluso antes de los hippies, los granjeros vaciaron las cuevas de huesos para guardar el ganado. Si subís unos peldaños en la roca y entráis en una de las cuevas más alejadas de la entrada al recinto, veréis que tiene un agujero redondo en el techo a través del cual se ve el exterior. Este agujero lo excavó un señor que transformó esta cueva funeraria en una reserva de agua de lluvia. Selló las entradas y dejó que el agua de la lluvia se acumulara ahí dentro para así poder abrevar el ganado o usar el agua para el regadío. Esto fue en hacia el siglo XVIII o XIX, ya no recuerdo. El caso es que es una modificación posterior al uso original de las cuevas.

Otra cosa rara es que una de las entradas de una cueva está flanqueada por unos relieves en forma de columnas de estilo griego. Esto prueba que algunos de los habitantes de los poblados antiguos tuvieron contacto con el imperio romano, que se instaló en las islas Baleares hacia el 123 a.C. Los pueblos baleares de la Antigüedad fueron de los últimos en ser caer bajo el yugo del imperio romano. Por ejemplo, en el año 123 a.C. ya debía hacer un siglo de la fundación romana de Tarraco (actual Tarragona). Los romanos intentaron en varias ocasiones conquistar las islas Baleares, pero los isleños eran buenos con el uso de la honda y, cada vez que se acercaban los barcos romanos, las velas quedaban horadadas por las pedradas de los defensores. Finalmente, los romanos forraron las velas de sus naves con piel de becerro y así lograron resistir los ataques de los feroces honderos baleáricos. Más tarde, los romanos vieron que aquellos honderos expertos podían serles útiles como mercenarios y se los llevaron a otras batallas por el Mediterráneo. Cabe suponer, pues, que aquellos mercenarios verían templos romanos en sus viajes por el ancho imperio y, al volver a su isla natal, habrían podido labrar en la roca caliza unas columnas romanas para darle un toque más cosmopolita a la morada de sus antepasados, donde ellos también iban a descansar eternamente tarde o temprano.

Más cosas raras: siguiendo las cuevas pueden verse labradas en las paredes unos huecos redondos. Los menorquines las llaman capades de mono, pero no tienen nada que ver con los monos. Hay dos teorías sobre su uso: una, que se usaban para enterrar los restos de los bebés fallecidos del poblado y dos, que se usaban como hornacinas para guardar adornos u ofrendas a los difuntos.

Para terminar la visita, puedes cruzar el cauce seco frente a la entrada de las cuevas y subir por un caminito que conduce a otra cueva. Esta tiene una minilaguna frente a la entrada y el motivo es que, en lugar de excavar la entrada elevada sobre el suelo, lo que hicieron aquí fue excavar el suelo por debajo de la entrada para que esta quedara elevada. Esta es la cueva donde decía antes que los hippies se hicieron un toldo y cocina, justo a la derecha de la entrada. Si os fijáis, aún pueden verse indicios de estas modificaciones.

La naveta des Tudons

Este edificio funerario del siglo XI a.C. es de los más famosos de Menorca y tiene el honor de ser el edificio íntegramente conservado más antiguo de Europa. Este tipo de edificios solo se encuentran en Menorca, y se llaman «navetas» porque recuerdan al casco de un barco al revés. Está rodeado de un murete y está construido con piedras de tamaño medio que debió costar mucho mover y apilar. Se usaba para preparar los cadáveres de los difuntos y enterrarlos. Ya no se puede entrar en el interior, pero consta de dos pisos. En el superior se preparaban los cuerpos de los difuntos y en el inferior los cadáveres encontraban el reposo eterno. Cuando se excavó en 1959, los arqueológos encontraron un centenar de esqueletos que aún tenían adornos de bronce y otros objetos. En ese momento, el piso superior y el ábside estaban derruidos, pero fueron reconstruidos. Si te fijas, verás que parece que falta una piedra en la parte superior de la entrada para terminar de redondear la fachada. ¿Dónde está la piedra que falta… ? Pues bien, como ocurre con otras edificaciones de la Antigüedad hechas con piedras grandes, existe una leyenda que atribuye la creación de la naveta a los gigantes y, de paso, nos explica dónde está la piedra ausente del rincón superior izquierdo.

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