América

Llegada a Tulum ¿Bienvenidos al paraíso?

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Tras dieciocho horas de autobús, finalmente llegamos a Tulum en la famosísimaRiviera Maya. Íbamos en busca de sol y playas paradisíacas y lo único que encontramos fue un temporal de lluvia y viento. ¡Perfecto! O sea que nos hemos dado un palizón para nada…

Al lado de la estación de autobuses está el restaurante Charlie's que Tanya nos había recomendado. Allí desayunamos tranquilamente mientras veíamos cómo caía la lluvia. El centro de Tulum no tiene nada. Es una calle larga con tiendas y restaurantes, nada más. La zona de playa esta bastante alejada del centro, así que lo mejor es ir en taxi. Los precios de los taxis están regulados y por llevarte a la zona de playa «nueva» cobran 50 pesos (3 euros).

La zona de playa está dividida en dos: la zona antigua y la zona «eco-chic». Antes de viajar a México, mucha gente me había recomendado quedarme allí porque era tranquilo y más barato que Cancún o Playa del Carmen. Pero la realidad es que eso era antaño. La zona de playa de Tulum se ha convertido en una de las zonas más caras de la Riviera Maya y es difícil encontrar una habitación por menos de 100 euros la noche. Nosotros nos alojamos en la Posada Margherita, regentada por unos italianos (muy italianos) que en Tripadvisor dejaban muy bien.

El hotel era pequeño. Tenía unas ocho habitaciones y a nosotros nos tocó una en un primer piso con balcón que daba al mar, pero el mar no se veía por que la vegetación lo tapaba. Era bonito, pero me esperaba más. No sé, por el precio que pagamos me esperaba mejores acabados y al menos una pastilla de jabón para lavarme las manos. Vale que era ecológico, pero puede que a veces lo verde se use para cobrarte más y darte menos…

Supongo que la lluvia y el cansancio me afectaban el ánimo, pero de golpe nos encontramos a las 12 del mediodía sin saber qué hacer. ¿Playa? ¿Visitar ruinas? Descartado por el tiempo que hacía. Así que nos sentamos en el sofá del porche y dejamos pasar las horas hasta que el tiempo amainó un poco y fuimos andando a ver si por allí cerca había algún sitio en el que poder comer.

A lo largo de la playa se alienaban pequeños hoteles muy fashion que impedían el acceso directo a la playa. Tras diez minutos andando, llegamos a la zona hotelera antigua de Tulum playa y entramos en el restaurante Zamas, que también nos habían recomendado. Pero hete aquí nuestra sorpresa cuando al abrir la carta nos dimos de bruces con la realidad: ya no estábamos en México, estábamos en una república dependiente de EE. UU. o Europa, porque al menos los precios así lo indicaban. Por una comida de un plato y un agua por persona pagamos un total de 500 pesos (30 euros). Eso sí, el pescado era fresco, pero en Barcelona hubiera pagado casi lo mismo. Así que, de golpe y porrazo, vimos que en dos días nos íbamos a gastar el presupuesto que teníamos para cinco días.

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