Europa

Día 4: Córdoba por Míriam

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El viernes por la mañana nos levantamos algo más pronto. Según el folleto que nos dieron en la oficina de turismo, la entrada a la Mezquita era libre de 8:30 a 10 y lo quisimos aprovechar. Desayunamos unos churros y magdalenas con chocolate caliente y café con leche en un bar al lado del hotel, ya que en el mismo hotel no servían desayunos, y nos pusimos en marcha. Bajamos por la Judería hasta llegar a la Mezquita y entramos por el Patio de los Naranjos. Entonces, al entrar dentro del recinto, quedé maravillada por el bosque de columnas, que parecía infinito, y por el ambiente del lugar. Apenas había turistas y mientras admirábamos los fantásticos arcos, nos llegaba el eco de la misa y un leve olor a incienso. Me quedé muy impresionada y pensé que, a pesar de la lluvia y el cansancio de aquellos días, ¡había valido la pena llegar hasta allí! ¡No teníamos suficientes ojos, ni objetivos, para poder admirarlo y fotografiarlo todo! Nos quedamos boquiabiertos contemplando el Mihrab, en nicho donde se albergaba en Corán. La cúpula del Mihrab es una maravilla hecha de mármol decorada con mosaicos dorados. ¡Es impresionante!

En el centro de la Mezquita se encuentra la Catedral, que representa todo un contraste comparado con el resto del recinto. La capilla catedralicia es preciosa, de estilo gótico y renacentista. Al fondo se encuentra el coro de madera de caoba, que contrasta con el blanco del mármol del resto de la capilla. Cuando finalizó la misa, pudimos entrar para contemplar los detalles de la catedral.

Hacia las 10 y media empezaron a llegar los primeros grupos y nosotros fuimos saliendo, aunque nos diera pena marcharnos ya… Después de visitar la Mezquita-Catedral, nos quedaba visitar la Sinagoga. Para llegar, nos perdimos por un laberinto de callejuelas muy estrechas. El recinto de la Sinagoga es muy pequeño comparado con las dimensiones de la Mezquita y no se conserva toda la decoración, de estilo mudéjar, pero los relieves de los arcos son realmente bonitos!

Al salir de la Sinagoga, nos encontramos un patio abierto muy bonito y entramos. Allí había talleres de artesanía y estuvimos mirando un poco los azulejos y las joyas de filigrana de plata. A las 12 regresamos al hotel para hacer el check-out, pero como hasta la 1 no teníamos pensado marchar, nos quedamos una horita investigando los alrededores. Fuimos paseando por la calle Alfaros hasta llegar a la iglesia de Santa Marina. Dentro de la iglesia había expuesto el palio de la Virgen, una obra de orfebrería considerable, todo hecho de plata. ¡Era digno de ver! De camino pasamos por los restos del Templo Romano de Claudio Marcelo, donde se pueden ver parte de las columnas del templo.

A la 1 volvimos al hotel para recoger las maletas y marcharnos a la estación. Esta vez decidimos coger el autobús. De camino a la parada se puso a llover con ganas, pero suerte que la parada de bus estaba cubierta. Nuestro bus tardó un buen rato en llegar, y hasta las 2 de la tarde no llegamos a la estación de tren. Lo primero que hicimos fue comprar los billetes para Sevilla. Ese fue el único tren que no tenía reservado porque pensé que no habría demasiados problemas para encontrar billetes. ¡Pues si nos descuidamos nos quedamos sin poder salir en el tren que teníamos previsto coger! Compramos los dos últimos billetes disponibles del tren Avant que salía a las 15:40. Mientras esperábamos el tren tuvimos tiempo de comer de menú en el restaurante de la estación: salmorejo y lentejas de primero, y bistec y salmón de segundo.

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